sábado, 17 de noviembre de 2012

HOLY MOTORS (2012), el cine como forma de vida, el cine como expresión artística, el cine como ARTE

Georges Méliès, D.W. Griffith, Orson Welles, Luís Buñuel, Alfred  Hitchcok, Jean-Luc Godard, Roberto Rossellini o Stanley Kubrick son algunos ejemplos de cineastas que en determinados momentos de la historia del celuloide decidieron salirse de la recta trazada hasta el momento y descubrir nuevos horizontes que jamás se hubiera pensado que existían. La Nouvelle Vague francesa de finales de los sesenta, supuso uno de los movimientos culturales y, sobre todo, cinematográficos más importantes que hemos tenido hasta ahora. Jean-Luc Godard, François Truffaut, Alain Resnais entre otros, se propusieron cuestionar el cine en sí mismo, poniendo en tela de juicio las convenciones cinematográficas establecidas por el modelo de Hollywood que, como si fábricas de trabajadores se tratase, con sus grandes estudios y sus métodos de producción destinados a buscar la máxima rentabilidad, habían convertido el cine en toda una industria del entretenimiento. Dichos cineastas (que anteriormente fueron críticos cinematográficos en la revista francesa Cahiers du Cinéma y amaban al cine por encima de cualquier cosa) decidieron romper ese sistema, reivindicando no sólo una nueva manera de hacer cine, sino, también, de entenderlo. Lo abordaron desde la ruptura consciente de sus códigos y desde el sentido más estricto del concepto de director como autor de la obra. 
Al final de la escapada (1960) de Jean-Luc Godard
Léos Carax (anagrama de su nombre “Alex” y su apellido “Oscar”) era un adolescente francés apasionado del cine cuando la Nouvelle Vague ya había irrumpido con fuerza en la cinematografía francesa y mundial, con lo cual creció empapándose de esa corriente artística. Bien claro lo demostró con Chico conoce chica (1984), su primer filme, y, sobre todo, con Mala sangre (1986), un brillante homenaje a todo ese cine que tanto le ha influido. La crítica lo incluyó en un grupo de cineastas franceses, entre los cuales se encuentra la directora Claire Denis, amiga de Carax que incluye en la lista de agradecimientos de Holy Motors, considerados los herederos directos de la Nouvelle Vague. Carax, como Claire Denis (1), no han recibido dicho calificativo por el mero hecho de utilizar en ciertos momentos los mismos recursos técnicos característicos de ese tipo de cine (Jump-cuts, actores mirando a la cámara, localizaciones exteriores, miles de referencias y citas…), sino porque entienden el cine como ellos lo entendían, el cine como expresión artística completamente libre de convenciones y ataduras, el cine como única forma de vida, el cine como Arte. Como la relación entre un pintor y el lienzo, la película es el medio en el que plasmar sus sentimientos, sus inquietudes, sus emociones, en definitiva, su Vida.

Edith Scob en una secuencia de Holy Motors que cita directamente a Los ojos sin rostro (1960) de Georges Franju
Holy Motors es precisamente eso, una reivindicación del cine en su forma más pura y, a la vez, un desconocido prisma por el que contemplarlo. Carax rompe con cualquier barrera a la creatividad y, desligado de cualquier pauta preexistente, plantea a los espectadores abstraídos del inicio del filme, una nueva forma de mirar a la gran pantalla. Para ello, el cineasta francés apela a lo primigenio del séptimo arte, a su impostura idiosincrásica, al devenir entre bastidores, a la exaltación del intérprete como único artificio y protagonista absoluto del encuadre de la cámara, a la desnudez de su acto, a su belleza. 

Léos Carax en la primera secuencia de Holy Motors

La belleza está en la mirada del que observa” dice un personaje en un momento del filme, “¿y si dejan de mirar?” le replica otro. Léos nos recuerda que el cine también es Arte y, como tal, es variable, mudable, alterable, incomprensible, espontáneo, intuitivo, natural y, por ello, todo depende de los ojos con los que se mire. Para aquellos espectadores ávidos de racionalismo y coherencia, con la necesidad de tener una explicación para todo, la película se podría resumir en dos frases: un hombre llamado Oscar, se dedica a recorrer todo París dentro de una limusina interpretando varios personajes (una mendiga, un bróker, un padre de familia, un extraño ser, un asesino…) como si fueran distintas ficciones dentro de la propia ficción de la película. Visto desde una perspectiva tradicional, nada tiene sentido, pero visto desde la irracionalidad y la pulsión pasional del artista, el filme nos ofrece una experiencia sensorial sin precedentes, al mismo tiempo que nos muestra un porvenir cinematográfico lleno de rincones nuevos que explorar.

Oscar (Denis Lavant) junto a la contorsionista Zlata en una de sus "citas"

Holy Motors es mucho más que un “me gusta”, “es buena”, “es mala”, “un 9/10”. Holy Motors  da vida al cine. ¿Una triste metáfora sobre el individuo contemporáneo, sin una identidad definida y perdido en un mundo asentado en la pantomima?, ¿Una reflexión sobre una sociedad que no sabe de dónde viene ni hacia dónde va? o ¿Una simple sucesión de imágenes concatenadas sin ningún tipo de  sentido? Carax lo tiene claro: “Lo que expresa esta película es que ya no tengo otra vida que el propio cine” (2)



(1)Recomiendo leer el magnífico monográfico sobre Claire Denis escrito por Sergio Morera en la revista TRANSIT: http://cinentransit.com/las-ficciones-de-claire-denis-1988-2004-12/




Los dos momentos más mágicos de Holy Motors


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Kylie Minogue interpretando "Who were we?" en el momento más emotivo de la película



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El momento del "entreacto" es un momento catártico dentro del filme. Una isla en medio del metraje de PURA magia







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Premios

2012: Festival de Cannes: Sección oficial de largometrajes
2012: Festival de Sitges: Mejor película, director y Méliès d’Argent (mejor film europeo)


Ficha técnica

Título: Holy Motors
Título original: Holy Motors
Dirección: Leos Carax
Guión: Leos Carax
Fotografía: Caroline Champetier, Yves Cape
País: Francia
Año: 2012
Duración: 110 min. 
Reparto: Denis Lavant, Edith Scob, Eva Mendes, Kylie Minogue, Michel Piccoli, Jean-François Balmer, Big John, François Rimbau, Karl Hoffmeister
Distribuidora: Avalon
Productora: Les Films du Losange, arte France Cinéma, Pierre Grise Productions, CNC 
Departamento artístico: Benoît Herlin, Bertrand Alberge
Departamento editorial: Aurélien Grand, Reginald Gallienne 
Dirección artística: Emmanuelle Cuillery
Diseño de producción: Florian Sanson
Efectos visuales: Alain Bignet, Alexandre Bon, Aurelie Lajoux, Damien Maric, David Gourmaud, Jean-Francois Michelas, Philippe Desfretier, Sabine Lineres, Yoann Berger 
Maquillaje: Bernard Floch, Olivier Seyfrid
Montaje: Nelly Quettier
Sonido: Carsten Richter, Emmanuel Croset, Erwan Kerzanet, François Boudet, Hanse Warns, Josefina Rodríguez, Marcus Sujata

BSO

4 comentarios:

  1. Estupendisima critica Adrián. Muy de acuerdo con ella. Y fantásticamente complementada con las notas a pie, videos y música. Felicidades amigo.
    Harry Callahan

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  2. Concuerdo bastante con tu planteamiento, aunque también agregaría un tercer momento mágico de Holy Motors que resume lo que es la película: el momento donde Mr. Oscar personifica a un anciano moribuno y agónico, levántandose de su lecho de muerte y regresando a la vida para continuar con su trabajo.

    Saludos!

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    1. Exacto, el cine como forma de vida, un mundo donde impera la impostura y, la mayor impostura de este mundo es el CINE.

      Saludos!

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  3. Aceptando el reto de la película, intuyo en el diálogo de Carax/M.Oscar con Piccoli una dosis de mala leche concentrada en una respuesta que queda fuera de plano pero que planea sobre toda la película. Responder al manido egolatrismo posmoderno con una frase que rompe la ya cartesiana duda metódica para destruir cualquier atisbo de relación realidad-persona, aumentada por y para siempre en Locke, Hume, i Kant, que la trasladará ya por los siglos a la cuestión moral (Nietzsche, Freud, Sartre, Deleuze, Foucauld...), o sea, ética y estética, queda suspendida y no resuelta en los sollozos manieristas de las películas actuales. Aquí es donde la película de Carax se convierte en un compañero inesperado, con la afirmación de la ficción como íntimo sustrato de la realidad circundante, mutable pero terrible, realidad al fin, pero nada "dramática", nada "real". Oscar camina por la ciénaga y por el éxito con la misma indiferencia final. Sólo. Momentos de emoción parecen apoderarse de la ficción para dejarnos provar bocados de realidad que parecen asideros donde descansar nuestra mente y nuestro corazón... pero vuelve una y otra vez la ficción y su inestabilidad neutra a recordarnos que no nos acomodemos en nuestras sillitas de cine palomitero. Que aquello se acaba y en la realidad no hay ya donde encontrar "ojos que miren". El apocalipsis de la razón lleva consigo la agonía del amor, del drama, de lo "real", del "yo"... vaya, que ni la belleza que M.Merde esconde como un tesoro para sí la belleza de Mendes, o Jane y Oscar estableciendo un puente seguro de una relación anterior, que acaba siendo in-significante, en el sentido más transcendente,...

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